Hacia fines
de la década del ´60, la extrema dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970),
parece desandar muchos de los caminos iniciados en tiempos de democracia. Fue cuando la idea de “naufragar”, escaló
incorporando nuevos actores y prácticas dentro de un espacio urbano que se
descubría como relevante en Buenos Aires.
Fotograma de Tiro de gracia.
Tanguito y
una balsa de madera.
Si se observa la tapa del libro de Víctor Pintos, titulado
Tanguito y los primeros años del rock
argentino, se pueden hallar evidencias de las contradicciones que se daban
en tiempos del denominado “onganiato”; algunas ellas no determinadas tal vez
exclusivamente por el poder de turno. Tanguito- José Alberto Iglesias- aparece en una fotografía en blanco y sentado
en la vereda de un local. Toca su guitarra apoyada sobre ambas rodillas y lleva
unas gafas oscuras que imposibilitan ver sus ojos. Los transeúntes, pasan a su
lado con gestos que parecen guardar desprecio, ignorancia y hasta ironía. Si
bien no comparten la lógica de una dictadura casi “medieval”, tampoco aceptan
en totalidad ciertas conductas de los jóvenes que transitaban y muchas veces
vivían en la calle. Tanguito, proveniente de una familia de inmigrantes
españoles que se había radicado en Caseros, venía al “centro” para tocar la
guitarra en las veredas, en bares y en casas particulares de Buenos Aires. Era
la época, en que Los beatniks habían
grabado el simple Rebelde, realizando
tras su edición acciones de promoción en la calle que terminaron en tres días
de detención de los músicos. También del pelo largo, que fue el recurso para
construir “lazos fraternales” y mostrarse como anti convencionales, todo ello
fundado en un gusto en común por el rock. En respuesta a ello, entre fines de
1967 y comienzos de 1968, la represión policial, a quienes lo usaban creció
exponencialmente.
Tanguito, no ganó dinero ni popularidad, pero escribió
algunas canciones entre las cuales se cuenta La balsa (1967). La
compuso en la madrugada del 2 de mayo de 1967 en La Perla de Once y tras ello la cantó en uno de los baños. Dicho
tema musical, con la colaboración de Litto Nebbia en el estribillo, es
contemporánea de los happenings y
todo el arte del Instituto Di Tella. Es
además la expresión puesta en lírica y música, del deseo de muchos jóvenes de
los sesenta de emprender un recorrido por propia voluntad y en la búsqueda tal
vez de algo distinto. No es extraño
que La balsa, naciera en La Perla, el lugar era un reducto de los
músicos que pasaban muchas veces la noche en el local, durmiendo incluso en las
sillas. Donde también debatían cuestiones del mundo, mientras estaban conformando
un nuevo estilo. Generalmente primero transitaban La Cueva, un bar-teatro situado en el sótano del edificio de
Pueyrredón 1723, para luego “correrse” al bar de Plaza Once.
En La Perla
se podía respirar, el desacuerdo de jóvenes músicos como Tanguito, Javier
Martínez, Litto Nebbia o Moris con la situación imperante, tanto en Argentina
como en muchos otros lugares del planeta. En el inicio mismo de La balsa, está la idea de tal
circunstancia: “Estoy muy solo y triste acá en
este mundo abandonado”; la frase hacia carne en el sentir de cierta juventud.
De personas que- según ha afirmado Pablo Alabarces en Entre gatos y violadores - observaban
la “radicalización de los sectores medios”, los fracasos democráticos y
principalmente la dictadura y la represión del “onganiato”. La
balsa, pone en boca del narrador la idea de un mundo de tristezas, del que
busca en un futuro huir mediante la construcción de una precaria embarcación de
madera la cual le posibilitaría “naufragar”. Friedheim y Maretto, sostienen que
tal acción – trasladada metafóricamente al tema musical mencionado – consistía
en andar la ciudad con un recorrido prefijado. Con un inicio y un destino
final, que tenía en cuenta el paso tanto:
por bares de Buenos Aires, como hoteles, plazas y hasta casas
particulares de la gran ciudad. En otro tema musical, Vuelvo a naufragar (1968) grabado por Los náufragos, el protagonista recorre con amargura y desesperanza
la calle Corrientes; a modo casi de intento de apropiación de una enorme urbe
que duerme en su mayoría. A medida que La
balsa trepaba en popularidad, los practicantes de “naufragios”, se
constituían en sostenedores de una “política cultural” basada en sentimientos y
prácticas no convencionales.
Entre el
naufragio y el infierno.
Será una muestra del Di Tella, Experiencias ´68, la que
determinará una acción en la calle por parte de los artistas, seguida de
represión policial y numerosos comentarios en semanarios de la época como Primera Plana. Compuesta Experiencias ´68, por obras que
incluían por ese entonces las ideas de “arte conceptual”, objetos e
instalaciones; lo más novedoso de la plástica rioplatense. Oscar Terán, en un
análisis retrospectivo de la muestra titulado
Cuando bajo los adoquines estaba la
playa, establece casi un relato paralelo entre el mayo francés y los
sucesos de Experiencias ´68. No eran
jóvenes o estudiantes franceses dominados por el deseo de vincular política con
cultura y buscar ciertas libertades. Pero, en definitiva, terminaron tomando
acciones que se convirtieron en un hecho político; en un inicio de lo que
tiempo después determinaría la caída de Onganía.
Tiro de gracia (1969), del cineasta Ricardo Becher, puede casi sin
duda ser leído como un documental de ciertas prácticas de “naufragio” de la
juventud en Buenos Aires. El film, reproduce
un “momento único e irrepetible” de dos barrios vecinos – Retiro y Catalinas –
y el bar donde la “modernidad “se daba cita. Sergio Mulet, autor de la novela
homónima y el guion, fue el protagonista. Becher, condujo la cámara casi
obsesivamente, acompañándolo en todo su accionar dentro del filme. Los demás
personajes – muchos de ellos eran
figuras de la publicidad y el arte- junto a Mulet sirven para completar la precisa
descripción de ese “momento” en un Buenos Aires de finales de los ´60. Tiro de gracia, resulta atrevido tanto
por sus escenas de sexo, como por los mensajes de una época en la que se ha
filtrado una modernidad avanzada y rasgos del hipismo. Aunque los protagonistas, viven dentro de la realidad de una
dictadura, manifiestan una libertad en sus acciones. Actitud que incluye, en
cierto modo, una forma de ignorar lo que está sucediendo. Y este procedimiento,
es sin duda una posibilidad de Becher de hablar encubiertamente sobre algo que
pasaba en ese momento.
Tiro de gracia, con ciertas partes de su banda sonora, ostenta un
plus: el tema central compuesto e interpretado por el baterista Javier Martínez.
Numerosos
autores sostienen que gran parte de las letras del rock producido en Argentina,
hablan de lo cotidiano como recurso para la denuncia. Muchos de los temas de Manal- banda que integraba Javier
Martínez- mediante relatos simples, se
referirán a un consumismo en apogeo por la época; como también a lo opresivo de
la ciudad en contraste con el contacto de la naturaleza y la calma dentro de
posibles escenarios suburbanos. No es el caso de Estoy en el infierno, que cierra los créditos del filme de Becher y
denuncia un estado de situación de la persona. Javier Martínez sostuvo un
fuerte pathos en el fraseo reforzado
por el ritmo intenso de la batería, todo ello acompañando el ciertamente dramático
final. “Vengan a verme, Estoy en el
infierno...”. Así se inicia el tema, que parece querer establecer con ello una
metáfora del momento que se vive hacia fines de la década.
Ni la letra de la canción, ni la ficción
cinematográfica, hallan respuesta o solución a una cuestión existencial de
sentirse “muerto en vida” en una sociedad que todavía se halla bajo la acción
de los efectos del “onganiato”. Las
acciones elusivas y transgresoras de la juventud en Buenos Aires eran ya en ese
tiempo en gran medida eclipsadas por otros horizontes. La existencia de
componentes inéditos o la reconfiguración de los ya existentes sin duda
generarán en la década siguiente nuevas prácticas sociales en las cuales el
“naufragio “ya no tiene cabida.
JORGE JOFRE,
febrero 2026.
Referencias
bibliográficas:
Alabarces, Pablo. Entre
gatos y violadores: el rock nacional en la cultura argentina. Ediciones
Coihué,1993.
Estoy en el
infierno. Autor Javier Martínez.
[Banda sonora]. En Tiro de Gracia. Trío Manal Estudio Jorge Tagliani,1969.
Friedheim, A. M., y Maretto, C.” Buenos Aires en los ‘60- ‘70. Culturas juveniles, rock
y espacio urbano” [ponencia]. San Carlos de
Bariloche: UNCo, 2009.
Experiencias
´68. [muestra] Buenos Aires:
INSTITUTO TORCUATO DI TELLA, 1968.
La balsa. Autor
Tanguito. [Canción]. En Los gatos. Buenos Aires: RCA Víctor, 1967.
Pintos, Víctor.
TANGUITO y los primeros años del rock
argentino. Buenos Aires: Planeta,
2022.
Rebelde. Autores Moris/Pajarito Zaguri. [disco simple]. Los beatniks. Buenos Aires: CBS, 1966.
Terán, Oscar. Cuando
bajo los adoquines estaba la playa. Buenos Aires: FUNDACION PROA, 1998.
Tiro de
gracia. Director Ricardo Becher, R. Buenos Aires: Guillermo Smith Producciones
SRL, 1969.
Vuelvo a
naufragar. Autor Francis Smith,
Los náufragos. Buenos Aires: CBS,
1968.

